Las grandes revoluciones tácticas en la historia del fútbol

A través de los tiempos, el balompié fue cambiando. Desde aquellos inicios donde todos iban al ataque, pasando por el cambio de la ley de off side que provocó la WM, hasta llegar al juego de posición de Guardiola. Un repaso por cada uno de esas modificaciones.

Por Leonardo Burgueño.

La WM

El fútbol en sus inicios era de ataque. Por eso se convertían muchos goles y los equipos no se preocupaban por defender.
Pero en 1925 se produce un gran cambio en las reglas: el off side. La modificación, que se mantiene hasta la actualidad, dice que se necesitan sólo dos jugadores rivales para estar habilitado.
Entonces, el sistema piramidal anterior (2-3-5) pasó a ser un 3-2-2-3. Nacía lo que se conoce como la WM.
Un dibujo que fue ideado por Herbert Chapman, entrenador inglés de Arsenal.
Al DT le gustaba jugar de contragolpe y aprovechó el espacio para desarrollar su pensamiento en una época donde se hacían pocas estrategias de juego.
“El momento más oportuno para marcar un gol es inmediatamente después de repeler un ataque rival, porque los oponentes quedan pillados en la mitad equivocada del campo”, decía el hombre que le dio los primeros títulos de Premier a Arsenal y quien hoy tiene una estatua en la entrada del Emirates de Londres.
¿Qué ventajas entregaba el sistema 3-2-2-3? Que la primera línea de volantes se uniera a los defensas y con ello ya quedaran mano a mano en el fondo (antes eran dos defensas contra cinco delanteros).
Además, quebraba al equipo en cinco que defendían y cinco que atacaban.
Los éxitos de Chapman y los Mundiales de 1938 y 1950 popularizaron el sistema. La primera revolución estaba en marcha.

El cerrojo suizo

Karl Rappan era un entrenador austríaco que dirigía al Servette de su país. Como sus jugadores no eran profesionales, sino que tenían otra actividad laboral, tenía que inventar un sistema para trabajar con el plantel el poco tiempo que disponía.
Entonces, buscó algo menos rígido que el de la WM y a su vez que tuviera más respaldo defensivo.
Por ello apuntó a sacar uno de los volantes creativos del (3-2-2-3) y pasarlo detrás de la línea de tres zagueros.
Con esto, el dibujo quedaba en 1-3-3-3.
El nombre en francés era “verrou”, que significa bloqueo y justamente tenía como misión frenar a los rivales.
Por eso recibió muchas criticas de que era defensivo.
Sin embargo, los defensores de este modelo, explicaban que era para maniatar y salir rápido de contraataque.
Esta fue la piedra fundamental del catenaccio italiano que hizo conocido Helenio Herrera, en la década del 60.
El nacido en Argentina modificó aquel candado y lo hizo más conservador aún: 1-4-3-2. Es decir, mantuvo el hombre que barría en el fondo (que en el calcio se comenzó a llamar líbero), pero le agregó más gente en el fondo y con marcas individuales.
El Inter campeón de Europa en 1964 no recibió goles en cinco de nueve partidos y al de 1965 no le marcaron en cuatro de los siete juegos que lo llevó hasta la cima.
Las dos copas del Viejo Continente le abrieron las puertas de otros lugares. Era la versión remasterizada del Cerrojo Suizo.

El cuadrado mágico

Las grandes innovaciones apuntaban a defender y protegerse más que para atacar.
Hasta que aparecieron los “Mágicos Magiares” a comienzos de los 50.
El entrenador era Guzstav Sebes y reformuló el dibujo con un 4-2-4, pero con los dos centrodelanteros (Peter Palotas y Nándor Hidegkuti) que retrocedían y formaban el “cuadrado mágico”, con Ferenc Puskas como su arma mortal y Sandor Koscis como el gran cabeceador.
La revolución húngara comenzó a consolidarse con el oro olímpico logrado en Helsinki 1952 ante Yugoslavia, con 20 goles en cinco partidos.
“Fue durante los Juegos Olímpicos que nuestro fútbol comenzó a fluir con poder real”, explicaba Puskas.
Los “Magiares poderosos” se encaminaban hacia Suiza 54 y arrasaban todo en el camino.
El 6-3 que le propinaron a Inglaterra en Wembley, el 25 de noviembre de 1953, marca un hito en la historia del fútbol, no sólo por el resultado, sino por la paliza futbolística y por la forma especial de preparar el juego para la época (el DT embarró la cancha de entrenamiento y la agrandó para ponerles a sus jugadores un escenario más real al juego) .
Estuvo cuatro años sin perder, sumando 32 partidos invicto y se cayó 4-2 en la final del Mundial ante Alemania, en el considera “Milagro de Berna”.
Fue la semilla que comenzó a germinar para el “Fútbol Total” de Holanda.

El “Fútbol Total” holandés

La década del 60 estaba dominada por el Catenaccio y en ese contexto aparece un joven entrenador de 37 años en la banca del Ajax de Holanda. Se llamaba Marinus Michels, pero el mundo lo conocería como Rinus Michels.
Con un estilo muy audaz logra ganar la Eredivisie en su primera temporada y de a poco su idea comienza a esparcirse por toda Europa hasta lograr la antigua Copa de Campeones en 1971.
Su estilo tenía orígenes en la Hungría del 54 y un dejo del inglés Jack Reynolds, quien había dirigido al centrodelantero Michels en Ajax.
Presión muy alta, posesión del balón, triangulación, movilidad por toda la cancha para atacar el espacio vacío y la disposición para mostrarse cuando se tiene el balón eran algunas de las claves del “Fútbol Total”.
“El fútbol es una guerra”, dijo una vez Michels, quien era apodado “El General” y tenía como lugarteniente a Johan Cruyff.
Su discurso se trasladó a Barcelona en 1971, donde forman los cimientos del “Dream Team” de Cruyff y más tarde de Guardiola.
El apogeo de la idea se concretó en el Mundial 74 cuando, ya a cargo de Holanda, se paseó por los estadios alemanes con esa propuesta y se quedó en las puertas de la gloria en la final ante el local.
Quizás el mejor ejemplo de ese fútbol es la jugada que deriva en el primer gol en la final: Holanda la tocó 16 veces sin que Alemania pudiera cortar el avance hasta que Cruyff –que había estado en el fondo de su defensa en el inicio de la jugada- fue derribado en el área.
El “Fútbol Total” no alcanzó a coronar su obra, aunque 14 años después Michels se tomó revancha y pudo levantar la Eurocopa en la misma Alemania, aunque ahora el rival era Unión Soviética y sus líderes en la cancha era Van Basten y Gullit, dos hombres claves en el “Milan de los holandeses”.

El Milan de Sacchi

Silvio Berlusconi toma el poder del Milan en 1986 y su primer traspié fue ante Parma, que jugaba en la Serie B, por la Copa Italia.
Cuentan que inmediatamente preguntó quién era el entrenador del elenco parmesano y agendó el nombre de Arrigo Sacchi.
Ese DT que nunca había jugado fútbol profesional, pero que siempre utilizó una frase para defenderse de esa crítica: “No sabía que para ser jinete antes había que haber sido caballo”.
Más allá de su sentido del humor, el “Profeta de Fusignano” llegó en 1987 y cambió los cánones del Calcio: se comenzó a defender con cuatro en el fondo, con marcación zonal, con presión en campo rival y achique para dejar en posición adelantada al rival.
¿Los secretos de esta revolución? En una entrevista en su casa de Milán, realizada para radio Cooperativa en 2016, el DT respondió que “un entrenador nunca puede hacer todo, por lo tanto fue una situación particular. Primero fue buscar un club con ambición, que no sólo quería ganar, quería que el equipo fuera dueño del balón, dueño del juego. Un equipo que debía divertir, convencer y ganar. En Italia era raro eso, sólo se piensa en ganar”.
Y para ese proyecto contó con el apoyo de tres jugadores que resultaron decisivos: Ruud Gullit, Marco Van Basten y Frank Rijkaard, por eso se lo conocía también como “El Milan de los holandeses”.
Ese equipo, como Sacchi en la banca, logró un Scudetto, dos Champions, dos Intercontinentales, dos Supercopas europeas y dos Supercopas italianas.
Pero la influencia no fue por los títulos sino por la forma de juego. A tal punto, que en la misma nota, el italiano explicaba que “el otro día me escribió Guardiola y me dijo que había que ayudar al Milan, porque decía que toda una generación se miró en el Milan”.

El juego de posición de Pep

Las raíces del Barcelona de Guardiola se pueden buscar en el “Dream Team” de Cruyff y en el Ajax de Louis Van Gaal.
De hecho, el joven volante central Josep Guardiola, de 21 años, era campeón de la Champios League 1992, la primera en la historia de Barcelona, con Cruyff como DT.
Los cimientos de su equipo ya los había puesto cuando comenzó a dirigir el Barcelona B, donde su mediocentro era Sergio Busquets.
Llegó al primer equipo para sustituir a Rijkaard y sus primeras decisiones fueron dejar afuera a Ronaldinho y Deco. Su apuesta fue a gente de la casa y confiar en Messi, con la 10 en la espalda. El título de Liga llegó en la primera temporada.
“Guardiola enfocaba todos los detalles. Lo tenía todo controlado. Yo nunca había trabajado un saque de banda defensivo. Él te ordenaba hasta para eso: a nosotros nos hacían un saque de banda en contra y todo el mundo estaba colocado. A veces el contrario decía: ‘¡Hostia! ¿qué ha pasado? No tengo espacio para sacar!’”, decía hace un tiempo Xavi Hernández en una entrevista al diario español El País.
¿Algunas claves de su revolución? El juego de posición y posesión (siempre superior al rival); con ataques de los laterales por pasillos internos y fijar a los extremos en las bandas; con presión en campo rival; mucha triangulación (fruto de los rondos o “tontitos” que entrenan) y con modificaciones que descolocaron a los rivales (como cuando colocó a Messi de falso 9 ante Real Madrid y fue 6-2 de visita).
El partido de la coronación del estilo fue el 5-0 a Real Madrid, el lunes 29 de noviembre de 2010, en el Camp Nou.
Después de muchas vueltas olímpicas con los catalanes, se tomó un año sabático, se fue a Bayern Munich y ahora a Manchester City, aunque su estilo más allá del lugar y de los títulos, como lo remarca Xavi: “Pep nos mejoró a todos, él te enseña el porqué de las cosas, transmite muchísimo. Además, su manera de entender el juego es la del Barcelona. Ha sido la persona más influyente del fútbol mundial en los últimos 10 años”.

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