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Jurgen Klopp y el reinado del heavy metal

Cosas del destino. Si en 2008 el Hamburgo no hubiera optado por dejar pasar la opción de contratar como su nuevo entrenador a Jurgen Klopp (Stuttgart, 16 de junio de 1967), quizás el destino del entrenador de moda en el fútbol mundial sería otro.

Luego de 18 años en el Mainz, donde militó como futbolista y DT, recibió el llamado de uno de los cuadros con más tradición del fútbol alemán, que buscaba a alguien que le diera nuevos bríos a un club que no daba el ancho y cada vez comenzaba a coquetear más de cerca con el descenso, que años más tarde se concretaría.

Su carrera como DT comenzó en el mismo club donde jugó toda su carrera, el Mainz

Tras extensas conversaciones, el cuadro del puerto germano decidió no contratarlo por su descuidado aspecto, el mismo que lo ha transformado no solo en un fenómeno deportivo, sino también cultural.

Hoy, cada vez son más los que ahora quieren ser Klopp, los hinchas lo idolatran y todos lo quieren en su equipo. Pero el camino para llegar a transformarse en quien es, fue largo y ese episodio con el Hamburgo, marcaría su destino.

Después de no llegar a ese elenco, fue Borussia Dortmund quien optó por su estilo agresivo para hacer frente al dominador Bayern Münich. La temporada anterior, ese equipo había terminado en un desastroso puesto 13° en la Bundesliga. No había tiempo que perder y el joven Klopp era la gran carta para poner al equipo nuevamente entre los más importantes.

Poco a poco, fue construyendo un modelo que empezó a cautivar, aunque sin grandes resultados. Fue 5° en su primera temporada y 6° al año siguiente. Pero vino la explosión, en 2010-2011, y llegaría la primera Bundesliga. El comienzo de una leyenda.

Un jugador con “calidad de quinta y cerebro de primera”

Al igual que algunos de los entrenadores más exitosos del fútbol mundial como Marcelo Bielsa o José Mourinho, Klopp nunca llegó a brillar como futbolista y tuvo una carrera marcada por la Segunda División. No era virtuoso, pero ponía corazón y los hinchas del Mainz, donde jugó 337 partidos y convirtió 52 goles, lo convirtieron en uno de sus favoritos.

En alguna entrevista reconoció que como futbolista “tenía la habilidad de uno de quinta y el cerebro de uno de primera división. El resultado fue un futbolista de segunda”.

Jurgen Klopp en 1989 como jugador del Mainz

Jurgen Klopp en 1989 como jugador del Mainz

Fue precisamente en sus años como jugador profesional que Klopp empezó a construir al entrenador. Mientras desarrollaba su carrera, viajaba semanalmente a Colonia para obtener su licencia como DT en la legendaria escuela de Erich Rutemöller, quien entre 1994 y 2004 fue el asistente técnico de la Selección Alemana.

Tras el retiro, Klopp asumió prácticamente de inmediato como DT del club donde jugó. Durante los ocho años que estuvo a cargo, vivió de todo. Logró el ascenso a la Bundesliga por primera vez en la historia del equipo, lo clasificó a la Copa UEFA (actual Europa League), pero también descendió.

Pese a ese último golpe, se quedó un año más para intentar regresar a la máxima categoría. No lo consiguió y decidió irse. Vendría la oferta del Hamburgo que no fructificó y la construcción del proyecto Dortmund, que lo catapultó como el entrenador de prestigio mundial en que hoy está convertido.

El niño que quiso ser médico y el adulto con tendencia política de izquierda

Mucho de lo que es Jurgen Klopp fue forjándose en su infancia. Hijo de Norbert, futbolista amateur y Elisabeth, vendedora, el hoy DT del Liverpool creció en el seno de una familia de clase media en Stuttgart, específicamente en el pueblo de Glatten.

Era un niño feliz, sin filtro, capaz de decir todo lo que pensaba. Desde pequeño supo que la honestidad lo llevaría adelante, algo que su padre le dejó siempre claro.

Precisamente, la relación con su progenitor fue bastante ambigua. En una entrevista en 2010 señalaba que “mis padres eran dos planetas diferentes. Mi madre lo entendía todo, mi padre no tanto, pero siempre me trató de aconsejar y encender un fuego en mí para mejorar y no satisfacerme demasiado pronto”.

Hay quienes sostienen que siendo muy niño pensaba ser médico, pero el fútbol fue ganando.  “No creía que alguna vez fuese lo suficientemente inteligente como para una carrera médica”, señaló a Bild.

Sin embargo, más recientemente, en el 2015, entrevistado por el novelista y dramaturgo alemán Moritz Rinke, señalaría que “de joven quería ser médico y creo que aún puedo tener una especie de ‘síndrome de ayudar’”.

A pesar de no haber sido doctor, igualmente Klopp siguió ciencias del deporte en la Universidad Johann Wolfgang Goethe, años en los que incursionó con pensamientos políticos que fueron formando su tendencia.

“Soy de izquierda, por supuesto. Más de izquierda que de centro. Creo en el estado del bienestar. No tengo seguro privado y nunca votaré a quien prometa bajarle los impuestos a los más ricos. Si hay algo que nunca haré en mi vida es votar por la derecha”, dijo el 2007 al diario Die Tageszeitung.

El heavy metal de Klopp

Los secretos del método Klopp, ya comparado con el de Guardiola o Mourinho, tiene varias aristas y en diversas conversaciones con medios de comunicación ha contado algunos detalles de cómo logra su propuesta, donde la presión resulta un aspecto clave.

Tal como él, el fútbol del entrenador alemán es de alta intensidad y lo reflejó con una frase que dejó poco para la imaginación cuando fue consultado por una comparación con el francés Arsene Wenger.

“A él le gusta tener el balón, jugar al fútbol, pasar la pelota. Es como una orquesta. Pero es una canción silenciosa. A mí me gusta el heavy metal”, sentenció a The Guardian en el 2013, cuando comenzaba a hacerse un nombre en el fútbol mundial.

El estratega se ha empecinado en tratar de que su estilo sea único, poco comparable con otros. Ya en 2017 indicó que “mi trabajo no es demostrar que puedo hacer 1000 técnicas diferentes o entrenamiento sin aspecto o lo que sea, es hacer lo que es lo mejor para los jugadores que tengo, con nuestras habilidades, en la situación en la que nos encontramos».

Uno de los mensajes que siempre recalca a sus jugadores es: “Apéguese a lo que está haciendo, intente, intente e intente nuevamente. Cada oportunidad perdida no es un fracaso, es información. Úsela y vuelva”.

Y el 2015 aportó otra frase para descifrarlo y tratar de entender por qué no le gusta que lo comparen, por ejemplo, con Guardiola. “El tiki-taka no es mi deporte. No me gusta ganar con el 80% de la posesión. Lo siento, eso no es suficiente para mí. Luchar en el fútbol, no el fútbol de la serenidad, eso es lo que me gusta. Me gusta lo que llamamos en Alemania “fútbol inglés”: día lluvioso, cancha pesada, 5-5, todos con la cara embarrada, que se van a casa y después no pueden jugar durante semanas”.

En la conferencia de prensa previa a la final de la Champions League contra Tottenham, el germano declaró cuál era la fórmula para conseguir el título. “Tenemos que ser más enérgicos que otros equipos. Porque estamos en otro nivel y para compensarlo debemos hacer más. Hacer más puede hacernos cometer más errores. Pero no creo que tengamos otra alternativa”, indicó.

Y la confianza en sí mismo, que muchas veces le ha traído problemas con otros entrenadores, también es parte de un estilo. Cuando llegó a Liverpool, acotó que “sin ser la persona más segura del mundo, creo que soy la persona adecuada para Liverpool. No puedo marcar goles y no puedo hacer milagros. Tampoco estoy diciendo que sea el mejor entrenador del mundo. Pero soy bastante bueno y soy uno de esos entrenadores que está realmente interesado en la estructura”.

En una nota del diario El País de España, el periodista Diego Torres escribía una perfecta descripción de todo lo que genera Jurgen y su estilo. “Señalado por muchos de sus colegas como un entrenador contragolpeador que destaca exclusivamente por la organización extrema de lo que en Alemania llaman gegenpressing (la presión contra la presión) el técnico que ha conducido al Liverpool a la final de la Champions acusa una contradicción. Le catalogan como un predicador del juego directo pero él nunca fue más feliz que cuando en el eje de su equipo dispuso de Hummels, Gundogan y Götze, tres magos del manejo de los tiempos de la elaboración. Con ellos en el Dortmund ganó la Bundesliga en 2012, antes de que la directiva comenzara a vender a los mejores jugadores. Si este Liverpool se comporta mejor contra rivales que llevan la iniciativa, no es porque Klopp así lo quiera. Es porque, con la plantilla que tiene, no le ha quedado más remedio”, dice el profesional.

El “perdedor” acaba con la maldición

Nadie podría decir que Klopp es un perdedor. Ganó la Bundesliga de manera consecutiva en las temporadas 2010-2011 y 2011-2012 con el Dortmund, donde también conquistó una Copa de Alemania y dos Supercopa, consiguiendo marcar un hito e interrumpir el abrumador éxito que por años pregonó el Bayern Münich.

Para un DT que estaba recién empezando a aparecer en las grandes ligas, números espectaculares. Sin embargo, llegó la maldición que hizo que en Europa se hablara de él como un perdedor de finales.

El martirio comenzó en 2013, cuando cayó con el Borussia Dortmund en su primera final de Champions League, nada menos que contra el Bayern Münich. Seguramente, sería la derrota que más le dolería, porque enfrente estaba el rival al que siempre criticó y que significaba muchas cosas que no le gustan.

“El Bayern opera como la industria en China. Observa lo que todo el mundo está haciendo, lo copia y luego invierte dinero y contrata diferentes personas para poder superar el original”, dijo luego de un partido de Liverpool cuando le comentaron que los bávaros habían caído ante su Mainz.

El 2014, perdería nuevamente ante el cuadro de Münich en la Copa de Alemania y el 2015, le ocurrió mismo, aunque ahora de manera mucho más inesperada ante el Wolfsburgo. Tercera final perdida en tres años.

La mala racha siguió en 2016. Ahora con el Liverpool cayó en la final de la Copa de la Liga ante el Manchester City en una dramática definición mediante tiros penales. Ese mismo año volvió a sufrir a nivel continental. Esta vez no pudo quedarse con la Europa League, tras caer ante Sevilla.

El 2018 se le escapaba nuevamente la Champions League, ahora contra el Real Madrid en un partido marcado por los gruesos errores del portero de los ingleses Loris Karius. Fue 3-1 en un partido muy extraño.

Para incrementar más aún esta maldición, en la última Premier League fue segundo pese a una campaña histórica en la que consiguió 97 puntos con solo un duelo perdido. Nunca antes en la historia del torneo inglés un subcampeón había obtenido tal cantidad de unidades.

Antes de la final contra los Spurs, le preguntaron a Klopp por estas derrotas y dejó claras sus sensaciones. “Mi carrera no ha sido desafortunada. Entre 2012 y 2017 llegué a cada Final con mi equipo. Tengo un récord en semifinales. No me siento un perdedor. Si fuera así tendría un problema. Hay momentos en los que tienes suerte o no tienes, pero no puedes cambiarlo. No he tenido una carrera desafortunada. Me siento bien”.

Para suerte del díscolo Klopp por fin llegaría el premio. Sin jugar ese fútbol que seduce y que lo ha puesto entre los más grandes, pero qué importaba…por fin el heavy metal tendría su recompensa y bebía de la copa más dulce, tal como varias veces se vio al DT en los bares ingleses junto a los hinchas de Liverpool.