Del Modelo Personal al Familiar

“Vamos a jugar al Fútbol”. Probablemente es una de las frases que con más alegría han dicho y dicen los niños, jóvenes y adultos en el pasado y en el presente. JUGAR significa hacerlo con alegría, buscando recrearse, disfrutando de una actividad placentera.

Miles y miles de chilenas y chilenos, de todas las edades, se juntan los fines de semana a jugar al fútbol en organizadas ligas, las que han ido desarrollando una importante infraestructura deportiva en el país. Son 90 minutos en que podemos volver a ser niños, celebrar los goles como Marcelo Salas lo hacía, lucir los abdominales a lo Alexis Sánchez (calugones pelayo, para una mayoría) o hacer pasos de algún baile de moda en la celebración de un gol. Son momentos únicos en que los problemas familiares, laborales, económicos y otros, dejan de existir para dar lugar a la emoción pura, a ese goce reponedor que nos permitirá recuperar fuerzas, eliminar estrés y así reiniciar la semana laboral, esperando que pase rápido, para poder jugar nuevamente. Desde la Grecia antigua que aparecen escritos respecto a algunos de estos beneficios emocionales e intelectuales del deporte.

Los objetivos que cada persona tiene al incorporarse al fútbol de ligas son variados y la mayoría de ellos alcanzables. El fútbol es una muy buena instancia de socialización, es decir, de hacer vida social, estando dispuesto a aceptar las normas que ese grupo tiene. Todos en el fútbol podemos reforzar el respeto a las reglas, el trabajar en equipo y con objetivos, el ceder en algunos intereses personales como parte del esfuerzo para intentar lograr los objetivos del grupo.

Tal como señalábamos en la columna anterior, el fútbol en sí mismo no es bueno ni malo, somos las personas las que lo convertimos en fuente de estímulos positivos para el ser humano o, de la misma forma, podemos transformarlo en el lugar donde nuestros hijos, pareja, amistades y muchos otros adquieren problemas sociales, psicológicos y físicos. Por ejemplo, hábitos de violencia, baja autoestima, doping.

Por otra parte, también debemos entender que nuestra recreación no puede significar el abandono de las responsabilidades familiares (estar sábado y domingo en la liga, mientras los hijos y pareja quedan en casa) y laborales. Cuando la LIF inauguró su complejo en Quilín, sus autoridades entendieron esto y paralelamente al campeonato de fútbol que organizaba, desarrolló un deporte para los niños y parejas, como fueron las escuelas del mismo fútbol, de tenis y de natación, además de clases de aeróbica. Incluso, se creó algo muy parecido a un jardín infantil, para que pudiéramos llevar a nuestros niños más pequeños. Para ello es obvio que se necesitan recursos económicos, pero menos de los que muchos imaginan. Lo más importante es tener las cosas claras y la determinación y creatividad para realizarlas. De esta forma, el grupo familiar puede disfrutar, recrearse, jugar al fútbol o participar en torno al fútbol y recibir los beneficios que el deporte bien guiado entrega al ser humano.

Las Ligas de Fútbol, están en una posición privilegiada para aportar a la sociedad a través del deporte, son organizaciones creadas por personas que tienen ciertos objetivos en común y es por esa fuerza motivacional que se han constituido y al hacerlo han sido capaces de lograr los recursos. De igual forma, si realmente motiva cuidar a las familias, guiar el desarrollo de niños y jóvenes, hay que poner ese esfuerzo para ampliar el marco de acción de la liga y que cada vez cubra de mejor manera las necesidades de toda la Familia.

El fútbol, como todo deporte, puede constituirse en una actividad de encuentro familiar, eso hoy es muy necesario. La mayoría de los padres de púberes y adolescentes, saben lo difícil que es compartir con sus hijos, ya que ellos no se motivan con estar en la casa, quieren salir con sus amigos lo más posible. Probablemente en la mayoría de los hogares se sabe muy poco de lo que hacen sus hijos cuando están fuera. Es una maravilla ver como en algunas Ligas de Fútbol esos hijos(as) comparten con sus padres los fines de semana, entreteniéndose en ese mismo lugar. Los beneficios psicológicos que eso tiene permiten a estos jóvenes ser más estables emocionalmente y de paso fortalecer la estructura psicológica que se requiere para la vida adulta.

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