Boedo: 18 años de amistad y buen fútbol

El ‘boom’ del balompié argentino motivó a cinco amigos a bautizar un equipo de baby fútbol con el nombre de Boedo. Pero lo que nunca imaginaron fue que, casi dos décadas después, este terminaría convirtiéndose en un club con dos categorías y varios títulos a su haber. Logros que, según sus propios jugadores, solo pudieron conseguir gracias a la amistad, compromiso, competitividad y perseverancia de quienes componen esta institución.

Por Nicolás Quintanal.

Llegó el sábado primero de septiembre de 2018 y en Boedo tenían la gran chance de coronarse una vez más como los campeones de Liga San José, en la categoría Junior. Durante gran parte de la campaña lideraron la tabla de posiciones y solo les bastaba replicar lo hecho en el semestre para asegurar el título. Tenían que ganar y levantaban la copa. Sin embargo, Guasones les convirtió un tanto y, pese a tener un hombre más en cancha, nunca pudieron llegar a la igualdad. El árbitro pitó el final del partido y en Boedo no lo podían entender: en la otra cancha, La Academia -un equipo que estuvo siempre abajo en la tabla- se metió por los palos y les arrebató el título.
Tras la derrota, Raimundo Gazitúa, capitán de Boedo Jr., reconoció que “fue duro para todos, porque tuvimos dos posibilidades de alejarnos cuando quedaban cuatro fechas, pero perdimos puntos importantes. Estuvimos casi todo el campeonato punteros y al final terminó siendo campeón un equipo que nunca estuvo arriba, eso fue lo que más nos dolió”. 
Pero como este club no se mide solo por resultados deportivos, rápidamente dieron vuelta la página, sobre todo porque tienen la convicción de que fueron los mejores y entienden que de esta caída aprenderán. No por nada llevan más de 18 años jugando al fútbol, tiempo en el que más allá de haber cumplido o no los objetivos, lo más importante es “la unión del grupo”. Un principio que al día de hoy les permite ser reconocidos como una institución sólida.

Una historia que nace en el 2000

Para entender lo que es Boedo hay que ir hasta sus inicios. Recién arrancaba el nuevo milenio y un grupo de amigos “de la vida” -como ellos mismos se describen- decidieron armar un equipo de baby fútbol para jugar en un torneo de verano en Cachagua.
Felipe Dittborn, Matías Alcalde, Diego Gazitúa, Emilio Saenz y Martín Vilajuana fueron los encargados de bautizar el equipo. Por eso años cursaban recién octavo básico y, como es lógico, fueron miles de nombres los que surgieron, pero terminó siendo Boedo el que más convenció.
Vilajuana, que vivió dos años en Argentina, explica que al final terminó siendo ese fanatismo por el fútbol y la posibilidad de tener un nombre atípico, el que los llevó a bautizar así al equipo. “Era una época en que el fútbol argentino estaba mucho más de moda que ahora. Se veía mucho los partidos Boca-River, sobre todo en la época en que estuvo Manuel Pellegrini en River y San Lorenzo”, comenzó diciendo.
Lo que ellos querían era un nombre que saliera de lo común, y así fue como se acordaron del barrio de San Lorenzo de Almagro. “Para no tener un nombre tan típico, pensamos en Boedo, sector donde está ubicado el club”, explicó.
Al final, el nombre les permitió diferenciarse de los demás, pero solo hasta cierto punto, porque era tal el ‘boom’ del fútbol argentino por esos años que igual hubo otros conjuntos con nombres bien arraigados en el balompié trasandino. “Era tanto el fanatismo en esos años que era muy común ver más de un equipo con algún nombre referenciado al fútbol argentino. Es más, en el mismo campeonato que jugamos en Cachagua había uno que se llamaba ‘Juan Román’, así que tampoco fuimos tan originales”, recordó entre risas Vilajuana.
Con el paso de los años, Boedo comenzó a crecer y poco a poco comenzaron a sumar más jugadores, algo que para el mismo Vilajuana marca considerablemente la esencia del equipo. “La unión es lo que nos representa. La base del equipo se ha mantenido desde siempre, y eso es algo que no se da en muchos equipos. A veces algunos parten de una forma y con el tiempo se van diluyendo”, señaló.
Asimismo, destacó que “en nuestro caso, de los fundadores que estuvieron en el equipo de octavo básico hasta llegar a segundo medio, me atrevería a decir que aún se mantiene el 90 porciento. Unos 10 o 12 jugadores continúan en el equipo hace más de 15 años, donde pasamos por el baby y el futbolito, hasta llegar al fútbol 11”.
Fueron múltiples campeonatos en los que participaron pero, sin duda, uno que más los marcó fue el conseguido en la Liga de Campeones del 2007.

Un título que se celebró en Argentina

Boedo fue partícipe de la Liga de Campeones del 2007, vencieron a Real Santiago y se terminaron consagrando como los flamantes campeones. Quizás, era el título más importante hasta el momento, y fue por esa misma razón que decidieron celebrarlo como corresponde: con una salida a Buenos Aires.
No todos tienen la posibilidad de celebrar una copa fuera de Chile, y es por esa razón que el viaje lo recuerdan como una de las mejores vivencias con el equipo, sobre todo por las anécdotas que marcaron la aventura en el extranjero.
“Fue casi todo el equipo, y lo mejor es que llegamos todos vestidos con traje al aeropuerto, tipo delegación oficial de un plantel profesional. Eso fue bastante entretenido y es una anécdota que, quizás, pocos pueden contar”, detalló el mismo Martín Vilajuana.
Para Felipe Dittborn, actual presidente del club, esta fue una aventura diferente, sobre todo porque les coincidió con algunos partidos de Copa Libertadores con equipos chilenos en Argentina.
Como fanáticos del fútbol que son, sabían que no podían estar ausentes y dijeron presente en más de un estadio. “Vimos Boca-Colo-Colo y River Plate- Católica. También aprovechamos de ver San Lorenzo-Lanus, en cancha de Boca. Ahí estuvimos en el sector popular, donde se pone la Gloriosa Butteler, barra brava de los de Boedo”, rememoró Dittborn.
Pero las celebraciones no solo han sido para los jugadores Senior, que fueron parte de ese campeonato del ‘07, ya que los más nuevos también tuvieron la posibilidad de protagonizar un verdadero campañón en el 2015.

Campeones invictos

Boedo fue campeón en más de una oportunidad, pero uno de los que más se recuerdan fue el conseguido en 2015. “Ese debe ser de los más recordados por todos”, comentó Diego Gazitúa, uno de los fundadores de Boedo que actualmente también tiene labores de entrenador en la categoría Senior.
Pablo Mackena, actual delantero extremo de la categoría Junior -que también fue parte de la consecución de dicho certamen- piensa muy parecido al DT, y destacó la forma en que se ganó.
“La única vez que fui campeón fue en ese torneo. Hace varios años que el equipo no lo podía conseguir y en esa campaña fuimos campeones invictos, algo que no sé si se había dado antes en la liga San José”, destacó el atacante.
Para Vilajuana, otro de los que integró ese plantel, uno de los factores claves para conseguir ese título estuvo en la “motivación” de cada uno de los jugadores.
Y en ese sentido, explicó que “no es fácil tener una banca gigante de 20 jugadores, y eso nos permitió marcar diferencias sobre los demás equipos. En este tipo de ligas, el tema de la motivación termina siendo súper importante, sobre todo para equipos como los Senior en que estoy ahora, donde después el físico empieza a pasar la cuenta”.
Otro que guarda en su memoria este torneo es Raimundo, el capitán de los Junior, quien logró su primer campeonato jugando por el equipo: “Entré ese año a la San José. Eran 17 fechas, ganamos 15 partidos y empatamos dos. Hicimos récord de puntos, yo salí mejor arquero y Matías Alcalde fue el mejor jugador. Fue lindo, además que pude ser campeón con mi hermano, algo que también fue muy especial”.  

El Boedo #2020

En el fútbol hay una conocida frase que dice ‘se celebra el triunfo o se pasan la penas’, y eso es algo que saben muy bien los jugadores de este club. Si bien no siempre es posible juntar a los Junior y los Senior, es un hecho que “los sábados son de Boedo”. A veces se reúnen en la misma liga, después de los partidos, y en otras oportunidades el destino termina siendo la casa de algún miembro del equipo. El punto es que, independiente del lugar, “lo importante es compartir dentro y fuera de la cancha”, según Felipe Dittborn.
Pero como siempre hay una sede más preferida que otras, fue Mackena quien ubicó la casa de Felipe y Santiago Dittborn como la oficial: “Habitualmente la reunión es donde los Dittborn. Es más, ellos viven en la calle ‘El Rodeo’ y nosotros siempre decimos que ‘vamos a El Boedo 2020’, cuando nos vamos a juntar”.
Diego Gazitúa, por su parte, cree que las reuniones son las mejores instancias para fortalecer el grupo. “Solemos hacer asados para la categoría o institucionales, dependiendo del momento. Nosotros tenemos la fiel convicción que la unión del grupo se genera y se desarrolla afuera de la cancha”.
Opinión que es plenamente compartida por su hermano Raimundo. “En la semana siempre se está conversando para estar en contacto. Además, a los nuevos que se incorporan se les dice que esto es un grupo casi familiar, de amigos, entonces para que se den cuenta que es verdad y puedan involucrarse rápido con el equipo, intentamos quedarnos siempre después de los partidos”.

Fuerza ‘Juaco’

El último partido jugado por los Junior, ante Guasones, tuvo una alta carga emocional para el equipo. Esto porque el ‘Juaco’ Pérez, como le dicen sus amigos, justo una semana antes del partido definitorio sufrió un accidente en moto que hoy lo tiene en un complicado estado de salud.
Desde el club reconocieron que esta fue una noticia que los golpeó mucho como institución, y fue por eso que llevaron un lienzo dedicado a él. “Fue más que nada para brindar un mensaje de apoyo a la familia y al mismo ‘Juaco’, para que pueda salir adelante. Estamos todos unidos, preguntando cómo está él, y solo queda esperar a que se recupere”, comentó Pablo Mackena.
Asimismo, Raimundo Gazitúa destacó que “lo del Juaco fue un poco más grave, pero cuando otros compañeros se han lesionado, también tratamos de hacer un lienzo para que sepan que estamos con ellos, porque somos amigos, pero es como si fuéramos una familia”.
El objetivo principal del equipo era poder levantar la copa, especialmente para dedicárselo a su compañero, pero lamentablemente no se pudo. Hoy los jugadores creen que la derrota, y sobre todo el accidente, los motivará aún más para quedarse con el Clausura.
“Tenemos mucha fe en que todo saldrá bien y volverá a estar de vuelta. El foco de este Clausura está puesto en nuestro hermano Juaco y por él iremos en busca de la copa en ambas categorías”, concluyó el Diego, el mayor de los Gazitúa.

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